Estimados amigos, se hace tan  difícil como triste ver como a finales del verano, años tras años, se acercan a la consulta, parejas que están resueltas a separarse y acuden a terapia para ver si aun queda alguna posibilidad de reconciliación. Es por ello que me gustaría si estas en este grupo de riesgo que te tomes unos minutos en leer este post.

Para estas parejas las vacaciones de verano comienzan mas o menos asi:

  • Día 1: “Cariño, ¡qué bien, por fin unas vacaciones juntos!”.
  • Día 2: “Ay, cariño, déjame que no quiero irme de excursión”.
  • Día 3: “Mira, cielo, tengamos las vacaciones en paz”.
  • Día 15: “Se acabó. La próxima llamada que recibas será la de mi abogado”.

Las vacaciones de verano son para muchas parejas una nueva luna de miel, pero muchas veces esta se queda en los labios y muchas veces ni en ellos porque no hay ni un triste beso. No todas las relaciones sobreviven a pasar juntos las 24 horas del día. De hecho, en estas fechas se registran más separaciones –el 28% del total,  muy por encima de los divorcios producidos tras la Navidad y la Semana Santa.

Las vacaciones significan dejar de lado las obligaciones del día a día, la rutina se acaba, y nos obliga a pasar más tiempo en pareja y con los hijos. Tenemos que reaprender a vivir juntos y, a veces, el roce hace el desencanto.

“Durante el invierno las parejas llevan vidas rutinarias y generalmente por separado. Hacen actividades individuales, salidas, comidas, gimnasios, estudios formativos, reuniones, etc, descuidando cada vez más la vida en pareja”, “Al llegar el verano y con el las las vacaciones pasan más tiempo juntos por lo que las fricciones, las discusiones y los conflictos se disparan”. Debido a que en muchos casos existen intereses particulares que se ven afectados  por las vacaciones de los menores.

Por lo que es  más complicado cuando se tienen hijos y estos también están de vacaciones. “Todo esto aumenta la tensión en la pareja y los desencuentros, y las parejas se enfrentan a la ambivalencia

[el papel de pareja y el de padre o madre]”,  Y es entonces cuando no es difícil que “la balanza se incline hacia la decisión de separarse”.

Por todo ello si uds se encuentra entre este «grupo de riesgo» y le gustaría pasar unas vacaciones agradable no deje de tener en cuenta estas viejas pautas antes de salir de vacaciones.

Pautas para que el amor sobreviva al verano…

1. Planificación. Tener claro lo que vamos a hacer durante las vacaciones es una buena herramienta de control. Sobre todo para evitar discusiones tan comunes como a qué hora levantarse, qué comer o cuándo ir a la playa.

2. Reparto de tareas. Es la mejor forma de saber qué tiene que hacer quién y evitar el conflicto.

3. Generosidad. Comunicación positiva a la hora de ceder. Entender los gustos de cada uno e intentar complacerse mutuamente. Por ejemplo: “Un trato: hoy vamos a ver el fútbol al irlandés y mañana con los niños a la playa”. Ahora bien aunque esto es un trato justo, debemos de tener en cuenta si el ver el futbol irlandés lo disfrutara la familia o yo solo…además el futbol llevara menos tiempo que ir con los niños a la playa, con lo cual sigue siendo un trato justo, ya que las dos cosas la podemos hacer hoy y así rentabilizamos las vacaciones siendo felices todos.

4. Dedicarse tiempo. Aunque se viaje con hijos. Es importante sentir que aún se es parte de un todo. “Lo mejor es hacer actividades juntos y alternarlas con tiempos para cada uno”. Por ejemplo, hacer una escapada juntos o reservarse un rato al día pueden ser buenos métodos. Propóngase hacer estas actividades vivas e intensas.

5. Diálogo. Crear entornos de afecto, de escucha activa y en los que se puede hablar sin prejuicios.

Y sobre todo, hay que recordar que el verano está para descansar y no para discutir.

Les deseo a todos un feliz verano… y espero no tener que verlos por consulta por este motivo